Dell integra en el XPS 16 la nueva pantalla de LG capaz de bajar a 1 Hz y alcanzar hasta 27 horas de autonomía.
- Pantallas con tasa de refresco variable 1–120 Hz.
- Consumo mínimo en contenido estático.
- Más autonomía sin cambiar batería.
- Tecnología óxido TFT con menor fuga eléctrica.
- Hasta 48% más duración (estimado).
- Primeros portátiles ya en el mercado.
- Camino hacia equipos más eficientes.
LG lleva la eficiencia energética a las pantallas de portátiles
Durante años, la autonomía ha sido el talón de Aquiles de muchos portátiles con Windows. Equipos potentes, sí, pero con baterías que no aguantaban una jornada completa sin enchufe. Ahora empieza a cambiar el panorama gracias a una innovación que no viene del procesador ni de la batería, sino de la pantalla.
La nueva generación de paneles desarrollados por LG introduce una idea simple, pero potente: adaptar el consumo de la pantalla a lo que realmente está ocurriendo en ella. Si no hay movimiento, no tiene sentido gastar energía constantemente refrescando la imagen.
Y ahí está la clave.
Cómo funciona la tasa de refresco variable
La tasa de refresco indica cuántas veces por segundo se actualiza la imagen en pantalla. En la mayoría de portátiles, ese valor es fijo. Da igual si se está leyendo un documento o viendo un vídeo: la pantalla sigue trabajando al mismo ritmo.
Con esta nueva tecnología, el panel puede bajar hasta 1 Hz cuando la imagen estática no cambia —por ejemplo, leyendo un texto— y subir automáticamente hasta 120 Hz cuando hay movimiento, como en vídeos o juegos.
Ese ajuste dinámico reduce de forma notable el consumo energético. Menos trabajo innecesario, menos gasto. Así de sencillo.
La tecnología detrás: óxido TFT y eficiencia real
El avance no es solo conceptual. Se basa en una mejora técnica concreta: el uso de transistores de película delgada basados en óxido (TFT).
Estos materiales permiten retener la carga eléctrica durante más tiempo, lo que evita tener que refrescar constantemente la imagen para mantenerla visible. Además, se reduce la fuga de corriente, uno de los problemas habituales en pantallas convencionales.
Todo esto se combina con algoritmos de control y diseño del panel que optimizan cuándo y cómo se actualiza la imagen. No es solo hardware, también inteligencia en la gestión.
LG habla de hasta un 48% más de autonomía, aunque este dato dependerá del uso real. Aun así, los primeros resultados ya apuntan en esa dirección.
Primeros resultados: menos consumo, más horas de uso
Uno de los primeros equipos en incorporar esta tecnología es el Dell XPS 16. En pruebas independientes, el portátil ha mostrado consumos de apenas 1,5 W en reposo, una cifra muy baja para este tipo de dispositivos.
Con una batería de unos 70 Wh, esto se traduce en autonomías cercanas a 27 horas en condiciones favorables. No es un uso intensivo, claro, pero marca una tendencia clara: la eficiencia empieza a ganar terreno sin sacrificar rendimiento.
Y eso cambia bastante el equilibrio frente a los dispositivos de Apple, que hasta ahora dominaban en este aspecto.
Una evolución que ya venía del móvil
Aunque parezca una novedad, esta idea lleva tiempo en otros dispositivos. Muchos smartphones actuales ya utilizan pantallas con tasa de refresco adaptativa, especialmente mediante tecnología LTPO.
La diferencia es que ahora se está trasladando al mundo del portátil, donde el impacto es mucho mayor. Aquí las pantallas son más grandes, el consumo es más elevado y cualquier mejora se nota más.
Es un salto lógico… pero ha tardado en llegar.
Hacia pantallas aún más avanzadas
Por ahora, esta tecnología llega primero a pantallas LCD. Sin embargo, ya se está preparando su integración en paneles OLED, que ofrecen mejor contraste y calidad visual.
Cuando ambas tecnologías se combinen —eficiencia energética y calidad de imagen— el salto será aún más evidente.
También se abre la puerta a nuevas optimizaciones en sistemas operativos, que podrían coordinar mejor el contenido mostrado con el comportamiento de la pantalla. Todo conectado. Todo más eficiente.
Potencial
Este tipo de avances no suelen acaparar titulares como las grandes instalaciones renovables, pero forman parte de una transición igual de importante: hacer más eficiente lo que ya usamos cada día.
Una tecnología como esta puede contribuir a:
- Reducir el consumo energético del parque global de dispositivos.
- Disminuir la necesidad de baterías más grandes, con menor uso de materiales críticos.
- Fomentar diseños más ligeros y duraderos.
- Integrarse con sistemas de gestión inteligente del consumo en hogares y oficinas.
A escala individual, significa menos dependencia del enchufe. A escala global, menos presión sobre la red eléctrica.
Es una de esas mejoras que, poco a poco, cambian las reglas del juego. Y eso, en un contexto de crisis climática, importa más de lo que parece.
