El icónico robot Haro será enviado al módulo japonés Kibō del ISS en una misión pionera que une tecnología espacial y cultura anime.

El desarrollo espacial japonés está a punto de vivir un acontecimiento único: la compañía Space Entry anunció que planea enviar al famoso personaje Haro, la mascota de Mobile Suit Gundam, al módulo japonés Kibō de la Estación Espacial Internacional (ISS). La misión, bautizada como “Hello, Haro”, busca recopilar datos a largo plazo sobre la viabilidad de robots autónomos en el espacio exterior.
El proyecto tiene un valor simbólico y tecnológico. Haro, diseñado personalmente por el legendario mecánico de Gundam Kunio Ōkawara, será un robot de aluminio de 210 milímetros de diámetro (aproximadamente 8,3 pulgadas) y un peso de 4,5 kilogramos (9,9 libras). Su sistema de propulsores internos le permitirá desplazarse en 360 grados, mientras que sus cámaras transmitirán imágenes a los equipos en tierra para monitorear la situación dentro del ISS. Además, contará con micrófonos que le permitirán interactuar con los astronautas japoneses, convirtiéndose en el primer robot espacial con capacidad de conversación.
Según Space Entry, “Minna no Haro” marcará tres hitos mundiales:
- Será el primer robot autónomo desarrollado por una empresa privada en el módulo Kibō.
- El primer robot espacial en ejecutar el sistema operativo Zephyr OS.
- El primer robot capaz de chatear en el espacio.
La financiación del proyecto se realizará mediante una campaña de crowdfunding en la plataforma Campfire, que comenzará el 14 de abril con una meta de 3 millones de yenes (unos 19.000 dólares estadounidenses).
Anime en la frontera final

La llegada de Haro al espacio no es el primer encuentro entre el anime y la exploración espacial. En 2020, un “G-Satellite” lanzó los primeros modelos plásticos de Gundam desde la ISS, acompañados de un mensaje escrito por el creador de la saga, Yoshiyuki Tomino.
En 2015, el Proyecto Longinus intentó recrear una escena de Neon Genesis Evangelion enviando una réplica de la Lanza de Longinus a la superficie lunar. Sin embargo, la iniciativa no alcanzó su objetivo de financiación colectiva.
La relación entre astronautas japoneses y el anime también ha dejado huella. En 2010, el astronauta Sōichi Noguchi recibió a su colega Naoko Yamazaki en la ISS vistiendo una camiseta inspirada en el uniforme de Space Battleship Yamato. Tanto Noguchi como Yamazaki, junto con Akihiko Hoshide, han participado con cameos de voz en animes de temática espacial como Space Brothers y Rocket Girls.
Incluso hubo intentos de llevar la pasión por Gundam más allá de la ficción. En 2006, el inversor japonés Daisuke “Dice-K” Enomoto planeaba convertirse en el cuarto “turista espacial” del mundo, viajando al ISS disfrazado del icónico personaje Char Aznable. Sin embargo, no pudo concretar el viaje debido a los resultados de un examen médico.
Un puente entre cultura y ciencia

El proyecto “Hello, Haro” no solo representa un avance tecnológico, sino también un símbolo del impacto cultural del anime en la ciencia y la exploración espacial. Haro, que nació como un personaje entrañable dentro del universo Gundam, ahora se transforma en un embajador de la cultura pop japonesa en el espacio.
La misión busca demostrar que los robots autónomos pueden desempeñar un papel útil en entornos extremos como el ISS, al tiempo que conecta con millones de seguidores del anime en todo el mundo. La combinación de innovación tecnológica y cultura popular convierte a Haro en un proyecto que trasciende fronteras, uniendo ciencia, entretenimiento y participación ciudadana a través del crowdfunding.
Con el inicio de la campaña de financiación el 14 de abril, los fanáticos y entusiastas de la exploración espacial tendrán la oportunidad de apoyar directamente esta iniciativa. Si logra su meta, Haro se convertirá en un pionero espacial, llevando consigo no solo la bandera de la robótica japonesa, sino también el espíritu creativo del anime que ha inspirado generaciones.
En definitiva, el envío de Haro al espacio es mucho más que un experimento científico: es un gesto cultural y tecnológico que reafirma cómo la imaginación y la ciencia pueden encontrarse en la órbita terrestre.
