El kernel de Linux recibe el mayor avance de su historia en materia de videojuegos, ofreciendo una compatibilidad casi total con los títulos diseñados para Windows.

Hace apenas cinco años, si usabas alguna distro de Linux y querías jugar a videojuegos de Windows, seguramente te toparas con incompatibilidades, tirones o, directamente, era imposible jugar.
Con el lanzamiento de Wine 11, Linux ha pasado de introducir ligeras mejoras de compatibilidad para que los juegos de Windows funcionen bien a rediseñar por completo el modo de jugar en este sistema operativo.
Una de las grandísimas novedades es NTSYNC, una tecnología que permite que ambos sistemas consigan entenderse mediante una especie de traductor, directamente en el kernel de Linux, el núcleo del mismo.
Con NTSYNC esto cambia completamente y se eliminan los tirones (stuttering) al introducir esta especie de traductor nativo, que consigue que el procesador no tenga que perder el tiempo con cada instrucción.
Según las pruebas internas, esto se traduce en que títulos como Dirt 3 hayan pasado de 110 fps a más de 860 fps; en el caso de Resident Evil 2, llegando a triplicar el rendimiento visto anteriormente.
Otra de las grandes noticias es que la arquitectura WoW64 por fin ha alcanzado su término.
Para que los programas antiguos de 32 bits puedan seguir funcionan junto a los modernos de 64 bits, WoW64 es vital, aunque hasta ahora en Linux se tenían que instalar numerosas librerías de 32 bits, provocando errores en el sistema.
Wine 11 ya es capaz de encargarse de todo sin tener que instalar paquetes o repositorios extra en cualquier distribución de Linux, incluso en aplicaciones de juegos retro de 16 bits sin que el sistema falle.
Más allá de estos grandes cambios, que hacen de Linux un sistema aún más cómodo para jugar, también aparecen otras mejoras para quienes usen Wayland, con un portapapeles apto para copiar y pegar entre Windows y Linux sin fallos.
Así como un cambio en la resolución en los juegos antiguos que cuentan con resoluciones más bajas, como 640 x 480 píxeles, que antes no escalaban de forma correcta.
Finalmente, también se añade soporte para las últimas tecnologías de gráficas y decodificación de vídeo por hardware más rápida, vital también para un juego más fluido.
En definitiva, Wine 11 ha conseguido que Linux se convierta ya en un sistema más parejo a Windows, quizá en su actualización más importante desde que Valver lanzara Proton en 2018.
