La computación cuántica acaba de dar un salto que parecía imposible hace pocos años. Un equipo de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW) en Australia consiguió crear y controlar estados cuánticos entre núcleos atómicos implantados en silicio, utilizando técnicas compatibles con la fabricación tradicional de microchips. El hallazgo, publicado en Science, abre la puerta a ordenadores cuánticos más estables, escalables y viables para aplicaciones reales.

El espín nuclear como recurso cuántico
Los investigadores implantaron átomos de fósforo en un chip de silicio y usaron los espines nucleares para codificar información. Estos espines son considerados los objetos cuánticos más limpios y aislados en estado sólido:
- Retienen información durante más de 30 segundos.
- Ejecutan operaciones con menos del 1% de error.
- Se perfilan como candidatos sólidos para la computación cuántica escalable.
De “habitaciones insonorizadas” a comunicación real
Hasta ahora, los núcleos funcionaban como si estuvieran aislados. El avance permitió que interactuaran a distancias de hasta 20 nanómetros (milésimas del grosor de un cabello humano). Este salto técnico demuestra que es posible conectar múltiples núcleos de manera escalable.
Fabricación con procesos existentes
La Dra. Holly Stemp, autora principal, destacó que el logro se alcanzó “a la escala a la que se fabrican los dispositivos electrónicos de silicio estándar”. Esto significa que la tecnología podría integrarse en la infraestructura actual de microchips, sin necesidad de reinventar la industria.
Implicaciones para el futuro
Aunque no se trata aún de un ordenador cuántico funcional, el experimento es una prueba tangible de que los sistemas basados en silicio pueden convertirse en plataformas escalables. La capacidad de entrelazar núcleos con estabilidad inédita acerca el día en que estas máquinas resuelvan problemas imposibles para la computación clásica, como:
- Optimización compleja en logística y energía.
- Simulación de moléculas para nuevos medicamentos.
- Criptografía avanzada con seguridad imposible de vulnerar con métodos clásicos.
El avance australiano marca un hito en la carrera cuántica global: demuestra que el silicio, material base de la electrónica moderna, puede ser también el soporte de la próxima revolución tecnológica. La combinación de estabilidad, escalabilidad y compatibilidad industrial convierte este logro en un paso decisivo hacia la construcción de ordenadores cuánticos prácticos.
