Un hallazgo reciente publicado en Science ha sacudido los cimientos de la narrativa dominante en la última década: la idea de que ciertos problemas físicos eran imposibles de resolver con ordenadores clásicos y requerían necesariamente computación cuántica. Investigadores del Center for Computational Quantum Physics (CCQ) de la Simons Foundation demostraron que un portátil convencional puede simular sistemas cuánticos extremadamente complejos, gracias a un método matemático basado en redes tensoriales.

El reto de los cientos de qubits
Los sistemas cuánticos con cientos de qubits entrelazados se consideran uno de los escenarios más difíciles de modelar. Cada nuevo qubit duplica la complejidad, generando cantidades de información que superan cualquier capacidad informática tradicional. Hasta ahora, este tipo de problemas se presentaban como el territorio exclusivo de la llamada “supremacía cuántica”.
Sin embargo, el equipo liderado por Joseph Tindall logró reproducir dinámicas cuánticas de alta complejidad con precisiones comparables a las de ordenadores cuánticos reales, utilizando un portátil y la biblioteca de software ITensor.
Redes tensoriales: el “ZIP” de la física cuántica
El núcleo del avance reside en las redes tensoriales, estructuras matemáticas que permiten comprimir información cuántica del mismo modo que un archivo ZIP reduce miles de documentos.
- Reorganizan la información en pequeñas tablas interconectadas.
- Conservan solo las correlaciones esenciales.
- Permiten representar estados cuánticos imposibles de almacenar directamente en memoria.
Gracias a esta “compresión inteligente”, los investigadores pudieron simular sistemas tridimensionales extremadamente difíciles de modelar, un terreno donde las redes tensoriales apenas comienzan a explorarse.
El desafío a la supremacía cuántica
El estudio responde a un artículo publicado en marzo de 2025, donde otro grupo afirmaba que un ordenador cuántico había resuelto un sistema de qubits imposible para máquinas clásicas. El equipo del CCQ decidió poner a prueba esa afirmación y descubrió que, con algoritmos derivados de métodos estadísticos de los años 80 —como la propagación de creencias (belief propagation)—, podían obtener resultados equivalentes sin hardware cuántico especializado.
Este hallazgo introduce un matiz crucial: el límite no siempre está en el hardware, sino en los algoritmos que aún no hemos descubierto.
La guerra silenciosa entre lo clásico y lo cuántico
Durante años, la computación cuántica se presentó como la única vía para resolver problemas como:
- Simulación de materiales superconductores.
- Descubrimiento de nuevos fármacos.
- Modelado de sistemas moleculares complejos.
Este nuevo trabajo demuestra que los ordenadores clásicos aún tienen mucho que aportar. Existe una relación de competencia y colaboración entre ambos mundos: los avances cuánticos inspiran nuevas técnicas clásicas, y las simulaciones clásicas sirven para verificar resultados cuánticos.
Implicaciones futuras
El equipo ya trabaja en problemas más difíciles, como sistemas de electrones móviles relacionados con materiales cuánticos reales. Según Miles Stoudenmire, coautor del estudio, estos cálculos son “cuantitativamente mucho más duros”. Si las redes tensoriales continúan avanzando, podrían retrasar durante años algunas aplicaciones prácticas prometidas por la computación cuántica.
El descubrimiento de que un portátil puede simular sistemas cuánticos con cientos de qubits cuestiona la narrativa de la supremacía cuántica. Más allá de la potencia del hardware, el verdadero límite parece estar en los algoritmos y en la creatividad matemática. Este avance recuerda que la imaginación humana sigue siendo la tecnología más poderosa, capaz de redefinir lo que creíamos imposible.
